Mujer Solteca: el dilema de llevar agua a Oaxaca
Por Arturo Tapia
Investigador por México en el IISUABJO
1. El agua que falta y la obra prometida
En Oaxaca, la falta de agua se mide en días de espera,
recipientes disponibles y dinero para comprar una pipa. Un reportaje de mayo de
2026 documentó hogares de los Valles Centrales que recibían agua cada treinta
días y otros que esperaban hasta dos meses. Cuando llegaba, la baja presión y
las pocas horas de suministro dificultaban almacenarla. Comprar agua suponía un
gasto adicional, cuya carga dependía de los ingresos y de la capacidad de
almacenamiento de cada familia [1].
Esa necesidad exige una respuesta pública. Pero reconocer su
urgencia no basta para justificar cualquier forma de atenderla. Ahí comienza el
conflicto que suscita la presa Mujer Solteca: la promesa de abastecer a la zona
metropolitana se encuentra con comunidades que cuestionan las consecuencias de
la obra y las condiciones en que se decide.
El proyecto contempla una presa y un acueducto de
aproximadamente 101 kilómetros, con una capacidad prevista de mil litros por
segundo. El gobierno lo presenta como una respuesta de largo plazo al
desabasto. Para valorar esa promesa, sin embargo, también deben discutirse sus
posibles impactos ambientales, las afectaciones territoriales y la distribución
de beneficios y cargas.
La necesidad urbana de agua y las demandas de las
comunidades involucradas forman parte del mismo problema público. ¿Qué
consecuencias serían aceptables, quién tendría que asumirlas y quién puede
decidir sobre ellas? Estas preguntas adquieren mayor fuerza porque Mujer
Solteca llega a un territorio donde otras obras y compromisos gubernamentales
han dejado agravios.
2. Una promesa frente a compromisos pendientes
Para los pobladores de San Vicente Coatlán, la nueva promesa
de infraestructura se enfrenta a una pregunta concreta: ¿por qué confiar si
siguen pendientes compromisos anteriores? En días recientes, su asamblea
condicionó la discusión sobre Mujer Solteca a la atención del conflicto agrario
con Sola de Vega y al cumplimiento de acuerdos relacionados con la carretera a
la Costa. Según los testimonios recogidos por la prensa, la experiencia de esa
obra dejó una convicción: las autoridades pueden necesitar a la comunidad para
construir y después desatender sus demandas.
El conflicto agrario vuelve especialmente delicada cualquier
intervención. Las controversias sobre la tierra preceden al proyecto y no
pueden darse por resueltas al anunciarlo. La presencia de maquinaria o la
apertura de accesos pueden interpretarse como decisiones que favorecen a una de
las partes. Una obra presentada como respuesta al desabasto urbano entra así en
una disputa territorial que modifica sus condiciones de ejecución.
También pesa el antecedente de Paso Ancho, posteriormente
denominado Margarita Maza, que forma parte de la trayectoria del actual
proyecto de abastecimiento. En 2014, aquella obra fue clausurada temporalmente
por carecer de autorización para el cambio de uso de suelo forestal. Los
cambios de nombre y las nuevas promesas no borran esa historia.
Estos antecedentes ayudan a entender por qué la controversia
rebasa las características técnicas de la presa. Mientras las autoridades
ofrecen beneficios futuros, los pobladores exigen respuestas a obligaciones que
consideran incumplidas. Para el gobierno, avanzar puede representar atender una
necesidad apremiante; para la comunidad, aceptar una nueva intervención sin
resolver los pendientes puede significar perder capacidad de exigir su
cumplimiento. La urgencia de llevar agua a Oaxaca se encuentra, entonces, con
otra exigencia igualmente concreta: que una nueva obra no vuelva a posponer las
deudas públicas con el territorio donde se pretende construir.
3. Decisiones comunitarias que no coinciden
La controversia tampoco enfrenta a un gobierno promotor con
comunidades que comparten una misma posición. Mientras San Vicente Coatlán
condiciona la discusión del proyecto a la resolución de asuntos pendientes,
representantes de Rancho Viejo, en Sola de Vega, han expresado su respaldo a la
presa. Según sus declaraciones recogidas por la prensa, la obra fue aprobada en
asamblea después de recibir información sobre los estudios. Esperan agua para
su localidad, empleos y oportunidades productivas. Para ellos, el proyecto
también representa una posibilidad de atender necesidades propias.
Esta diferencia impide presentar el conflicto como una
simple oposición entre beneficios urbanos y sacrificios rurales. Hay
expectativas favorables dentro del territorio donde se proyecta la obra. Pero
el respaldo de una comunidad tampoco permite dar por resueltas las objeciones
de otras ni acreditar su consentimiento. Cada asamblea decide desde
condiciones, experiencias y expectativas que pueden diferir de las de sus
vecinos.
La disputa incluye, además, quién puede hablar en nombre de
quién. Representantes de Rancho Viejo han cuestionado la intervención del
Observatorio Ciudadano Comunitario del Agua y Medio Ambiente de Oaxaca
(OCCAMA), al señalar que no los representa. El Observatorio, por su parte,
sostiene que no pretende sustituir la voz de las comunidades y reivindica su
participación en el examen público del proyecto. Se cruzan así dos exigencias:
respetar las decisiones comunitarias y permitir el escrutinio de una obra cuyas
consecuencias pueden extenderse más allá de la localidad que la aprueba.
OCCAMA también cuestiona el diagnóstico que justifica la
presa. Plantea que el desabasto debe analizarse considerando las pérdidas en la
red, la desigualdad en el acceso y la gestión del agua. Ha formulado objeciones
sobre los estudios hidrológicos, el caudal necesario para los ecosistemas y la
consideración de poblaciones aguas abajo. Son cuestionamientos que requieren
respuesta y contraste técnico; no deben presentarse como daños ya demostrados.
Su relevancia consiste en disputar que, aumentar la oferta mediante esta obra
sea la respuesta suficientemente justificada al problema.
A su vez, el Consejo de Pueblos Unidos por la Defensa del
Río Verde (COPUDEVER) ha expresado su rechazo. Su trayectoria de oposición a la
hidroeléctrica Paso de la Reina —un proyecto distinto durante el gobierno de
Gabino Cué— aporta experiencias de organización y defensa del río que
intervienen en la discusión actual.
Estas posiciones muestran que no está en juego una sola
demanda. Abastecimiento, empleo, territorio, ecosistemas y capacidad de
decisión movilizan apoyos y resistencias. Incluso la apelación a respetar a las
comunidades conduce a una dificultad: sus decisiones no coinciden y los efectos
del proyecto pueden atravesar sus límites. ¿Cómo construir una decisión pública
cuando ninguna de esas voces puede representar por sí sola al conjunto de los
involucrados?
4. El dilema que exige una decisión pública
La dificultad de Mujer Solteca radica en que reúne
necesidades y exigencias que no se satisfacen automáticamente entre sí. Las
familias que esperan semanas para recibir agua necesitan una respuesta. Las
comunidades involucradas reclaman capacidad de decisión sobre su territorio y
cumplimiento de compromisos anteriores. Quienes advierten posibles impactos
ambientales exigen considerar las condiciones de las que también depende el
abastecimiento futuro. Reconocer una de estas demandas no cancela las demás.
La urgencia del desabasto tiene un peso social indudable,
pero no demuestra por sí misma que esta presa sea la respuesta más adecuada. A
su vez, cuestionar el proyecto deja abierta una obligación pública: atender a
quienes siguen dependiendo de suministros intermitentes y compras de agua. La
controversia obliga a examinar tanto las consecuencias de construir como las de
mantener o prolongar la situación actual.
Los beneficios esperados y las posibles afectaciones tampoco
se distribuyen de manera uniforme. Una familia urbana sin suministro, una
comunidad que espera empleos y otra que teme perder control sobre su territorio
enfrentan consecuencias diferentes. Invocar el beneficio de la mayoría no
vuelve irrelevantes las afectaciones de otros; respaldar una decisión
comunitaria tampoco resuelve sus posibles efectos sobre poblaciones vecinas o
aguas abajo.
Por eso, reducir el debate a estar a favor o en contra de la
presa empobrece el problema. Sigue pendiente establecer qué riesgos están
acreditados, cuáles son inciertos y qué compromisos resultan creíbles. También
está en disputa quién participa en la decisión y qué peso tendrán las
objeciones de quienes podrían asumir sus consecuencias.
Mujer Solteca coloca ante la sociedad y el gobierno una
pregunta difícil: ¿cómo resolver la tensión entre objetivos sociales legítimos
cuando la forma propuesta para satisfacer una necesidad puede comprometer otras
necesidades y derechos? La promesa de agua para Oaxaca hace urgente esta
pregunta. La historia de conflictos y compromisos pendientes impide darla por
resuelta con el anuncio de la obra.
[1]
Zavala, J. C. (2026, 29 de mayo). Sufren crisis hídrica en Oaxaca; reciben agua
cada uno o dos meses. El Universal
[https://www.eluniversal.com.mx/estados/sufren-crisis-hidrica-en-oaxaca-reciben-agua-cada-uno-o-dos-meses/ Fecha de consulta, 4 de octubre de 2026]




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